October 05, 2008

requisitos de admisión: prueba del malvavisco

Hay un tal señor Walter Mischel que hace tiempo inventó la famosa Prueba del Malvavisco. En mi pueblo a los malvaviscos les decimos "bombones", pero prefiero aquí no dar lugar a malos entendidos llamando a la prueba de Mischel "Prueba del Bombón". Así que le dejo el nombre en español estándar. La prueba consiste en poner unos niños de cuatro años frente a un malvavisco y decirles que tienen dos opciones: comérselo en ese momento o esperar unos minutos para recibir un malvavisco más, y con ello comerse dos bombones dos. Lo interesante es que el estudio continúa varios años después, cuando estos niños salieron de la prepa. Los resultados indican que los niños que se aguantaron tantito, y por lo tanto obtuvieron dos malvaviscos, al pasar de los años sacaron más altas calificaciones, y eran más populares en la escuela, en comparación con los avorazados que no pudieron esperar y se tragaron el bombón no bien les terminaron de dar las instrucciones. Luego este otro sujeto hizo muchísimo dinero incorporando los resultados de la prueba científica en su teoría de autosuperación e inteligencia emocional. La irrefutable conclusión: reprimir la búsqueda del placer inmediato en favor de la gratificación diferida es el secreto del éxito social y personal, y está en relación directa con la capacidad de alcanzar las metas que uno se imponga. El que se aguanta, gana, pues. Los perdedores no se aguantan y por eso pierden.

El malvavisco en la Educación Superior
En la puerta de mi escuela no hay, pero debería haber, un letrero que diga: "Muchos serán los convocados pero pocos serán los elegidos". Estoy pensando que en los procesos de admisión para instituciones de educación superior se deberían exigir los resultados de la Prueba del Malvavisco. La convocatoria, por ejemplo, de la UNAM, rezaría: "Requisitos: -Acta de nacimiento original; -Certificado de Bachillerato con promedio mínimo de 8.0; - Copia notariada de los resultados de PM (Prueba del Malvavisco)". Siendo consecuentes, la prueba del malvavisco debería ser aplicada de manera obligatoria a todos los niños al cumplir los cuatro años. Con este simple diagnóstico, nos ahorraríamos miles de millones en estudiantes desertores, procrastinadores, fósiles, indecisos y perdedores en general. No tendríamos problemas de drogadicción en las escuelas, porque los niños que llamaré "Clase Bombón I" (o sea, los que esperaron al segundo bombón) obviamente no van a ceder al placer inmediato de inhalar cocaína si en lugar de ello pueden acceder al placer, menos inmediato, pero más seguro y a largo plazo redituable, del éxito académico.

El malvavisco en la sociedad actual
Y llevando los resultados de la Prueba del Malvavisco de la superación personal a la teoría social, el estudio de Mischel sustentaría bien la división de los ciudadanos en dos grandes clases. Los "under-achievers" corresponden a la Clase Bombón II, los que se tragaron el malvavisco sin esperar a una mayor recompensa. Los pacientes y visionarios son Clase Bombón I. La gente que entra a empujones en el metro, los que se meten en la cola del banco, los que se salen del bar sin pagar son indudablemente Clase Bombón II. Los líderes empresariales y los que cosechando sus esfuerzos se ganaron un hueso en gobierno son Clase Bombón I. Mariguanos de Las Islas, intelectuales de Los Arcos, apostadores, poetas que editan sus propios libros y los venden en cafés de Coyoacán, estudiantes de tres licenciaturas todas ellas sin terminar, homosexuales que prefieren el placer carnal inmediato antes que la dicha de la reproducción, desempleados y despedidos, víctimas del recorte de personal, compradores compulsivos, seguro se comieron el bombón antes de tiempo. Señoras de perro lanudo, CEOs de transnacionales, banqueros evasores de impuestos, dueños de maquiladoras explotadoras de trabajadores sin derechos laborales, atletas de alto rendimiento, Ivy-leaguers y Cuellos Blancos en general, son los que esperaron el segundo bombón. La lucha de clases, ese concepto trasnochado, es reemplazada por un concepto más explicativo: la lucha interna entre el placer inmediato y la satisfacción diferida.

A donde quería llegar: el malvavisco en mi vida personal

A mí nunca me hicieron la prueba del malvavisco, pero ni falta que hacía. Para empezar, nunca me gustaron mucho los bombones como no estuvieran asados en la chimenea, así que de poco hubiera servido la prueba para desenmascarar al voraz monstruo alcohólico, glotón y despilfarrador que vive dentro de mí. Siempre saqué buenas calificaciones y fui la más ñoña de mi escuela, lo que me hizo sumamente impopular (al menos así me gustaba pensarlo, la verdad es que por ser impopular no me quedó más remedio que ser muy ñoña). Aquí quiero aclarar que en los últimos años hay una tendencia a usar la palabra "ñoño" con una especie de falsa modestia que ha terminado convirtiendo al término en un halago más que en un insulto, pero en otra entrada hablaré sobre este fenómeno. Yo uso el término en su sentido peyorativo original: el ñoño es un retraído social, que sale todos los meses en el cuadro de honor y se come su sandwich solo en el recreo.

Bueno, pues cuadro de honor y todo, no puedo recordar una sola ocasión en la que haya pospuesto un placer inmediato por un placer mayor a largo plazo. Es la fecha en que no puedo tomar un trago de cerveza sin acabar con el cartón. En mi casa nunca hay Chips Ahoy, no porque no las compre, sino porque no la arman en el camino del super a la alacena. Puedo largarme al cine la víspera de un examen perrisísimo con cada vez menor remordimiento de conciencia. Me gusta ponerlo así: no tolero los riesgos, y esperar es arriesgar. Posponer los placeres es decidir vivir al rato, sabiendo que no se tiene la vida comprada. Ahora que conozco la prueba de Mischel, entiendo porqué no tengo camioneta ni perro lanudo, ni trabajo fijo ni ahorros en el banco. Pero es que no puedo dejar de pensar: vaya decisión más estúpida, esperar dos malvaviscos inexistentes cuando se tiene uno seguro al alcance de la mano.

11 comments:

Rasheny said...

soy un Bombón!
jajaja clase II si, si.
Pero soy un Bombón!!!

Chacha said...

¿Habrá alguna posibilidad de que exista una especie de Bombón 1.5 o Bombón Remix?

Larisa Escobedo said...

entonces eres algo como un eyaculador precoz de la vida?

tssss...

Violeta Vázquez-Rojas said...

Sí, Rache, todos lo somos, ehh!!
Chacha: yo creo que dependiendo las circunstancias, podemos frenar algunos impulsos y otros no. Eso es algo que un gringo que escribe libros de superación personal está incapacitado para entender.
Larry, chale! Nunca lo había visto así, pero carajo! tienes razón. Incontinente, ni más ni menos. Pero, lo mismo que le decía a Chacha, hay más matices entre los extremos de la precocidad y la falta de apetito.

Maria Griselda said...

Violetita bombón! Escribes muy bonito, así como hablas!! Los éxitos y fracasos de la vida son cuestionables, depende de donde uno lo mire... bueno, nada.. yo también voto por una categoría sociológica bombón mixed...
beijo!

Larisa Escobedo said...

ya te comiste los bomboncitos mexicanos???

Violeta Vázquez-Rojas said...

Jeje.. sí, muy ricos los bombones, Larry. Hablando de los cuales, lo que no me comí fueron unas bolitas de queso con cardamomo que te están esperando en casa de mis padres.
Gunther: tienes un blog o cómo? Porqué no lo puedo ver?

Maria Griselda said...

blog? q si tengo blog? la verdad no se, segun yo, no... nomas te lei y quise decir algo, escribi en el cuadradito y ya...

La. said...

La historia de mi vida, Bombón Clase II y me encantan los 'practi-tips' ;)
Un saludo!

http://www.hi5.com/friend/profile/displayJournalDetail.do?ownerId=133936136&journalId=42432887

Anonymous said...

chales! nunca habia oido hablar de esta prueba, pero me cae que como Rach dice, yo también soy un bombón!jajaj
Lu

Anonymous said...

Mas vale 1 pajaron en mano que 100 volando