September 15, 2009

No cumpleaños

Nos seguíamos reuniendo los veinte de diciembre, hasta que quisimos darnos cuenta de que mi abuela ya no estaba cumpliendo años más. Ya hacía casi diez años que estaba muerta, y no tenían caso el vino ni el jamón ni el queso ni esas cosas que se comen ahora que no hay velas ni pastel. No tenían sentido esas borracheras que terminaban en llanto. No sólo eso: festejar los años que no cumplía le quitaba todo el sentido a los cumpleaños que sí festejamos con ella, celebrando que estaba viva, que el jardín estaba verde y frondoso, que el piso del corredor brillaba con el sol de la tarde y que su recámara olía a talco y crema Teatrical y a esos menjunjes que usan las viejitas, que su cama amanecía tibia y destendida, que cantábamos las mañanitas frente a un pastel y tamales y no teníamos que comer vino y queso y esas cosas que comíamos después, cuando ella ya no estaba, como ahora que el jardín es un montón de hojas secas y el piso del corredor una alfombra polvosa, y su recámara huele a esa humedad de ausencia donde sólo crecen los hongos y lo único que duerme en su cama es de vez en cuando un ciempiés que se cae del techo en ruinas.

4 comments:

laura said...

La abuela de mi prima maria acaba de cumplir cien años. La bajaron en silla de ruedas para que la muchedumbre la vea. Porque lo que es ella, no veía a nadie. Y si los hubiera visto, no los habria reconocido porque ya no recuerda nada. En verdad no cumplió ella, dice mi prima, los demás cumplieron con vaya a saber qué.
Por otra parte, el último cumpleaños de mi abuela fue el de 90. Yo fui y ella fue: nos saludó a todos y cada uno. Se aseguró de que la viéramos y festejáramos. A los dos meses murió sin molestar a nadie con la pena de no haberla saludado. Ella sí que cumplió. Ayer justo encontré un caset con una entrevista que le hice cuando estaba viva. Y hoy me encuentro esto en tu blog. Creo que las viejitas se confabularon.
Abrazo desde bariloche en primavera.
lk

Violeta Vázquez-Rojas said...

¿De qué estarán hablando nuestras abuelas ahora que las presentamos? Me las imagino con sus acentos, Paraguayo y Mexicano, quejándose del clima, para romper el hielo, y luego contándose una a la otra sus últimos cumpleaños.

el oso hormiguero said...

Mi abuela era un roble. Y no sólo vio morir a su hija, sino primero a su nieto. Hay cosas que si de veras con contra natura. Pero pues luego nos la seguimos igual pasando bomba en esa casota tan bonitota con su jardinsote que mi abuelón le construyó, ¿qué no? Lucero no me dejará mentir.

Violeta Vázquez-Rojas said...

Las casas de la gente de roble se mantienen en pie muchos años después de que se van sus dueños. Y dan para fiestas, asados al aire libre y corredera de chamacos en el jardín. Pero cuando va a vivir en ellas la tristeza, carcome las paredes, enmohece las alfombras y como es una inquilina necia y mala pagadora, una vez que entra no hay quien la saque.