October 09, 2010

El lenguaje de los locos

Las palabras en el cerebro deben asentarse como el café de la percoladora: las más pesadas se quedan en el fondo. Lo sé por que cuando oigo a los que -según nuestro entender- se han vuelto locos, lo único que escucho son palabras de maldición. Fucking fuck. De amargura. Su puta madre. Rabia. Váyanse a chingar a otro lado. Goddamnitmotherfucker. Cuando los locos de la calle todavía pueden hablar, no lo hacen para agradecer el sol de la mañana, y las palabras para "buenos días" se les olvidaron cuando se les olvidó también cómo hacer la mueca arbitraria que llamamos sonrisa. -Qué pinches chingaderas- le dije un día a Alex -que además de perder tu casa, tu empleo y tus amigos, pierdas tu vocabulario, y que la única herramienta que te quede para describir el mundo sean mentadas de madre. 

Hace un tiempo entendí que olvidar palabras como "amarillo", "tibio", "dátil" o "gracias", se siente como un carbón encendido en el esófago. Sobre todo, tuve una revelación descorazonadora: no hay en este mundo ningún objeto ni ningún momento adecuado para usarlas. Con esa certeza furiosa me zambullí desde entonces en un monólogo silencioso que solo repite lo inefable: la misma lista de seis o quince frases cortas que les quedan a los que llamamos locos pero que, como sabemos en el fondo, son aquellos que precisamente perdieron la locura, y que viven condenados a tener siempre, despiadadamente, toda la razón.  

6 comments:

Efraín Trava said...

Imposible transitar por este pinche mundo sin despotricar sobre él. Qué sería de los "cuerdos" sin el chingado derecho de mandar todo a la verga? Tendríamos que "enloquecer", y eso es algo que sólo me permito cuando estoy de vacaciones.
Tu texto, Violeta, como casi siempre, es un puto manjar.

Violeta Vázquez-Rojas said...

Muy halagada, Efraín. A veces, a fuerza de tanto malgastarlas en pasajes cotidianos, uno menosprecia el poder expresivo de "las palabrotas" -como las llama mi mamá. Pero no cabe duda que bien dichas, y sobre todo, cuando no queda otra que decirlas, uno entiende por qué el aumentativo, por qué incluso los afásicos no las pueden olvidar.

Larisa Escobedo said...

grinch! el pinche sindrome de torets en la boca y en el alma...

Xerófilo said...

Hola Violeta:
Tu texto hizo que mis ideas se fueran bien lejos. Fue por la parte de: "Hace un tiempo entendí que olvidar palabras como "amarillo", "tibio", "dátil" o "gracias", se siente como un carbón encendido en el esófago."

Yo no lo sé por propia experiencia, pero hace tres años mi madre tuvo un derrame cerebral. Y olvidó palabras como "amarillo", "tibio" y "dátil". Mi impresión fue que, cada vez que se percataba de esas ausencias, le daba una tristeza e impotencia profundas. Gradualmente, con mucho esfuerzo de su parte, ha ido recuperando algunos de esos vocablos perdidos. En esos casos la alegría es enorme, aunque ya se ha dado cuenta de que, a veces, los vuelve a perder.

Visto desde fuera hay mucho de angustiante y portentoso, por decir lo menos. Guardadas las proporciones, ahorita pienso en el niño que quiere vaciar el mar, aunque mi mamá lo que quiere es volver a "llenar" esos "espacios" y es que, aunque obviamente no sea así, pareciera que "nuestras" palabras fuesen incontables.

Curiosamente, nunca fue dada a las "palabrotas", tampoco ahora.

Bueno, ya me despido, perdón por la digresión.

Por cierto, coincido en la necesidad de usar las mentadas y demás en casi todo lo referente a la situación de nuestro país.

Ya, para acabar. Te leo con asiduidad, incluso suelo releer tus escritos. La verdad es que no sé por qué no siempre comento. Supongo que para no andar de "encimoso" todo el tiempo.

Saludos

RRS

Furtiva said...

La razón infalible que impide la existencia de la belleza. Chingada madre, ojalá siempre estemos locos.

Violeta Vázquez-Rojas said...

Ese "pinche síndrome" en el alma es el peor, Larisa. Cómo se cierra el mundo cuando sólo lo describen las palabras del odio.

Dicen que los descorazonados, Furtiva, son los mejores creadores. Que "qué habría sido de Neruda si nunca le hubieran roto el corazón". Pero el dolor no siempre toma los cauces creativos del artista. También desemboca en la saña del militar, la negligencia del médico, en fin, en las varias formas de la muerte. Y la muerte es el triunfo absoluto de la razón. Si, ojalá que siempre estemos locos.

Xerófilo, comparto la tristeza de la historia de tu madre aunque nunca he vivido algo así de cerca. También comparto la alegría efímera de los momentos que cuentas, cuando algo se recupera y se disfruta sabiendo que se puede volver a perder. Mientras guardemos memoria de lo olvidado, sabemos que lo podemos reencontrar. Un saludo muy afectuoso.