August 20, 2009

Hablar por reloj

Antes tenía un teléfono y su principal función era la de tenerme al lado esperando. Al final, en un año entero no sonó, o sonó equivocado; o sonó, pero no para mí; o sonó para mí, pero no era quien yo quería oír. Sin embargo, no me gustaba alejarme mucho de la casa porque no fuera que sonara el teléfono. Todas las noches antes de dormir me consolaba con la idea de que me habían llamado justo cuando yo no estaba. Porque tampoco teníamos contestadora, y ni mencionar identificador de llamadas.

En esos tiempos el teléfono era un misterio: sonaba y uno realmente no sabía quién estaba llamando. No había manera de averiguarlo como no fuera levantando la bocina. Era una máquina de incertidumbre. Hasta la fecha no sé cuántas llamadas que no contesté pudieron haber cambiado mi vida. Probablemente ninguna.

Antes, además del teléfono, que se quedaba siempre en casa, había otro aparato, llamado 'reloj' que uno usaba por lo general en la muñeca izquierda. En el reloj se veía la hora, y en el teléfono, pues se llamaba por teléfono. Si uno no tenía reloj, o si el reloj se desajustaba, había un número a donde uno podía preguntar la hora. Mi hermana marcaba el 03 y decía "¿Disculpe señorita, me puede dar la hora?" Y una grabación de señorita muy amable le decía: "Son las doce - cuarenta y cinco". Hoy tengo un teléfono que llevo conmigo a todos lados sin mayor propósito que el de ver la hora. Nunca suena y si suena no lo contesto, porque ya sé quién llama, y sé que puede dejarme un mensaje que desde luego no voy a revisar porque también aprendí que ninguna llamada es importante.

Antes uno le preguntaba a su amigo "¿Qué horas son?" y el amigo se volteaba a ver la muñeca izquierda y decía "Son cuarto para las tres". Ahora uno voltea a ver a su amigo y le pregunta "¿Sabes qué hora es?" Y el amigo inicia un ritual inexplicable: primero se palpa desesperadamente los bolsillos traseros del pantalón, luego los delanteros, luego se lleva la mano al corazón, dando palmadas en el pecho mientras mira al vacío con el ceño fruncido, luego por fin abre la mochila, saca un un libro maltratado, un klinex arrugado, escarba a tientas, se mete a la boca el chicle viejo que acaba de encontrar, recupera de la oscuridad un teléfono, aprieta tres botones y dice "Son cuarto para las tres".

Veinte años después tengo un teléfono que da la hora en el fondo de mi bolsa, y aunque ya no la espero, una llamada que sigue sin llegar.

11 comments:

Anonymous said...

Bueno, yo todavía no llego a eso, sigo mirando la hora en mi mano izquierda (y esperando una llamada de teléfono que nunca llega)... pero sé de muchos que no saben ni siquiera la hora sin su teléfono celular

maikena said...

cuando estuve lejos (tal vez como usted), tenía un celular en otro idioma. de tanto usarlo para mirar la hora (como usted), porque casi nadie me mensajeaba (como a usted), empecé (como usted) a llamarlo "reloj". así, era usual oirme decir: "alcanzame el reloj que lo llamo". será que hemos descubierto que este objeto, como roma, tiene un segundo verdadero nombre?

Esponjita said...

El ritual ha sido descrito con una fidelidad que me hizo estremecer.
Yo tengo reloj de muñeca todavía, pero lo guardo en el cajón...
genial.
muchos saludos

La Gringa said...

a mi me parece muy mal, he de decir, que no me respondas al reloj cuando te llamo.

Violeta Vázquez-Rojas said...

Sí, anónimo, la dependencia de la máquina, que nos hace cada vez más incapacitados. Me recuerda a esa gente que decía "no, el martes no puedo ir al cine porque mi coche no circula". Y se tenían que quedar en casa. Algunos incluso no podían ir a trabajar, o no tomaban clases el día que no tenían coche. Increíble pero cierto (yo qué digo, yo no puedo nada sin mi mac).
Si estas esperando una llamada que no llega, tener un teléfono junto al reloj es sumamente inconveniente: el tiempo se hace más largo.

Violeta Vázquez-Rojas said...

Maikena, qué gusto verla de nuevo. Si, hay que tomar en cuenta que el reloj no me habla en mi lengua nativa. Que cuando mando mensajes de texto (única cosa que me atrevo a hacer con el teléfono, además de ver la hora) le tengo que enseñar palabras en español. Es como enseñarle a hablar a un perico, sabiendo que nunca va a mantener una conversación con uno.

Momento, me olvidaba: mi celular sí suena. Un día sonó en medio de una clase, ante mi espanto y la mirada reprobatoria que me lanzaban todos los asistentes. Por supuesto, no contesté, pero no podía ser otra cosa que un número equivocado.

Violeta Vázquez-Rojas said...

Esponjita, yo todavía guardo en el fondo de un cajón olvidado, mi reloj de pitufina. De vez en cuando me lo encuentro y le doy cuerda. Cuando todo anda mal me consuela la idea de que en algún lugar de algún closet de mi infancia hay una pitufina que mueve ss bracitos y señala: son cuarto para las doce. Y el teléfono sigue sin sonar.

Violeta Vázquez-Rojas said...

Gringa, no se haga, que usted y yo nos comunicamos por el único medio realmente eficiente: la comunicación verbal cara a cara. Y ni qué decir del gchat, segundo mejor invento luego del lenguaje hablado en persona.

La Mujer Barbada said...

Wa!
Me gusta leer.las...
qué cosas piensa uno cuando se pone a pensar...
pero he de recomendarles que usen las cosas pa lo q son i no hagan lo q mi hermana q adquiere cosas miles por que según eia "uno nunca sabe cuando las va a ocupar" así es como el armario sta ieno de cajas de laps (2 tamaños), de camara fotograficas (una de eias digital)... zapatos, zapatillas, tenis, sandalias i desas cosas q seguramente a demás de no saber cuándo poder usarlas... tampoco sabe cómo...

UJU!!! MI FON SI SUENA I A PESAR DE Q NO SOI TAN INFANTE NI TAN ADULTA MI RELOJ ES DE GLOBOS AEROSTÁTICOS I MUI COLORIDO!!!

QUIEREN SABER LA HORA? PUES 12:45 NO SON! :)

el oso hormiguero said...

io quiero aprender a escribir como la mujer barbada. eia si save. me gusta.

me encanta leerte, me río horrores i la verdad, te sigo extraniando un montón. besitos. con botitas puestas, claro está.

Violeta Vázquez-Rojas said...

Gracias, Mujer Barbada, por darnos la no-hora! (en efecto, Oso Hormiguero, escribir como Mujer Barbada es un arte, io todavía no puedo cambiar las ies griegas por ies latinas, ni se si se dice 'ies' o 'is' pero me mata de risa este nuevo sistema de escritura).

Por cierto, Barbada (i conste que no hai juicio de valor ortográfico-moral de por medio?): ¿a qué se debe la aversión por la i griega i la iie (antes 'lle')? Me intriga.