June 13, 2008

Historias prestadas

La historia de mi abuelo me recuerda mucho a otra que no me atrevo a contar en detalle porque no es mía. Mi amiga Elena, que es de Ayutla, Oaxaca, creció con sus abuelitos. Cuando vino al DF sintió mucho su falta, así que se inscribió al programa "Adopta un abuelo", en el que la gente se comide a pasar los domingos en un asilo haciéndole compañía a algún viejito solitario. Durante un par de meses estuvo yendo cada semana a platicar con uno de los ancianos, a escucharlo y leerle cuentos. Un domingo llegó Elena a ver a su abuelo adoptivo pero ya no lo encontró. (Dice mi papá que eso es la muerte: llegar a visitar a tu amigo y no encontrarlo). En la puerta del asilo se dió Elena la media vuelta, con sus libros en una bolsa de plástico, los ojos húmedos y la tristeza atragantada como una bolita dura en la tráquea. Así me lo contó ella: "Sentí mucho coraje por haberme hecho de un dolor que pude haber evitado. Yo de mi parte no vuelvo a tener otro abuelo".

1 comment:

Elena said...

Ay, reina, ya hasta se me había olvidado, y precisamente hoy que es aniversario de la muerte de mi abuelo-papá. Qué bien cuentas!. Y aunque no me acuerdo, seguro que la bolsa de libros era de plástico y del Aurrerá.