June 04, 2009

Nacho

-¿No vas a ir al velorio de Nacho?
-¿Cuál Nacho?
-Nacho el de las corundas, hombre. El velador.

Uno pensaría: qué maneras de dar la noticia, desde el asiento de conductor de la combi con pasajeros, a gritos en plena plaza, deteniendo en seco al panadero en su bicicleta, que se queda perplejo unos segundos y no atina a tartamudear otra cosa más que "¿Cuándo?".

-Anoche, en el entierro de su mamá. Estábamos en el panteón y ahí mero se murió Nacho.

Ahora entiendo por qué una de las pasajeras lleva rebozo en miércoles y un ramo de gladiolas. Se me hace un nudo en el estómago, porque para estas cosas no tengo garganta. Los veinte kilómetros del camino se me van pensando cómo lidiará esta gente con tamaña tragedia. Cuánto dolor en una historia tan cortita.

El humor y la tragedia, al fin, provienen de los mismos hechos. Para el humor, basta pararse un poco afuera, ver sin ser tocado, ver como en cinito. Para el dolor, hay que estar completamente envuelto, en el centro mismo de las cosas, sin poder salirse. Y entre los dos hay un limbo donde estamos los testigos ajenos, los que literalmente no tenemos vela en el entierro, pero que igual tuvimos que oir la noticia como balde de agua fría. Y pensamos: pobre Nacho, que sólo supo enfrentar la muerte con la muerte. Y qué solo se habrá quedado ese puesto de corundas.

3 comments:

Minotaurus said...

Pues me imaginé una escena de cine en un pueblito.
De lo demás, pues a mi la muerte no me cae muy bien, pues cuando llegue no me dejará ni hablar. Y como dice Woody Allen "No es que tenga miedo de morirme. Es tan sólo que no quiero estar allí cuando suceda."

Violeta Vázquez-Rojas said...

Vieras, Minotauro, que esas combis que tomo casi diario de un pueblo a otro son un cinito andante. Pareciera que en lugar de parabrisas tienen pantalla. Pasan tantas cosas por los ojos, tantas caras, tantas nubes y tanto pasto...

el oso hormiguero said...

yo ya me acostumbre a compartir la casa con ella. es buena compañera. calladita. aunque está medio loca y luego le dan como ataques de furia, pero luego se disculpa. y luego por las noches bailamos juntas y cotorreamos rete agusto. es buena muchacha.

y sabes qué dicen allá en el rancho: que cuando te mueres es igual que acá. nomás que puedes hablar con los animales. si si es cierto, me muero de ganas de entregar los tenis y poder cotorrear con el Meles y el Athos y el Porthos y las tortugas, y los pollos y el conejo y ....